Blogia
pcctoros

Fallece el matador de toros Juan José a los 69 años de edad en Salamanca

Esta madrugada ha fallecido en Salamanca a los 69 años de edad el torero Juan José García Corral "Juan José", donde una rápida y fulminante enfermedad acabó con la vida del torero salmantino. Atrás queda una dilatada vida en el toro, siempre abanderado de la honradez y el señorío; primero como matador, después al frente de la Escuela de Tauromaquia de Salamanca y por último como apoderado de Alejandro Marcos, su postrero descubrimiento. El nombre de Juan José va ligado al más puro clasicismo de la sobria escuela castellana. Nació en La Fuente de San Esteban, el 22 de junio de 1952, corazón neurálgico del Campo Charro y villa rodeada de ganaderías. En su infancia se siente atraído por el enorme ambiente taurino que se respira en las calles de su pueblo. En el colegio su compañero de pupitre es Julio Robles y con él hace novillos en alguna tarde invernal para acudir a los tentaderos de las ganadería de la zona (Atanasio, Galache, Cobaleda, Villoria, Sepúlveda…). Apenas tiene quince años y por mediación de un banderillero paisano -Pepe "El Güevero"- empieza a torear becerradas por Ávila y Segovia tras debutar en Coca, el 14 de agosto de 1967. Entonces empieza a sonar con fuerza su nombre y los hermanos Eduardo, Pablo y José Luis se lo recomiendan al mayor de la saga, Manolo Lozano, por mediación de Paco y Salustiano Galache, quienes cautivados por el buen hacer del chaval hablan con el trío taurino de Alameda de la Sagra para que dirija su carrera. Sin embargo, al tener exclusividad con Palomo Linares, deciden ofrecérselo a Manolo, que iba por libre y es quien definitivamente se hace cargo de su carrera. Madrugador es el debut con picadores, que se produce en Orihuela, el 14 de enero de 1968 y pronto se aúpa entre las novedades más distinguidas del escalafón inferior. Torea un alto número de festejos y pone a todos tan de acuerdo que, con mucha antelación, deciden que se debe dar un paso más y tomar la alternativa el inmediato 8 de septiembre en la Corrida del Motín de Aranjuez, de manos de Julio Aparicio y con Palomo Linares de testigo. Aquí ocurre un imprevisto que cambia todo el proyecto al sufrir Palomo Linares un grave percance el 8 de agosto en Málaga, al descabellar un toro. Esa circunstancia provoca que su mentor se decida a darle la alternativa con la finalidad de acaparar las sustituciones del diestro de Linares, que tenía completado ese mes, llevándolo adelante y convirtiéndose en noticia dada la edad del toricantano. Hasta entonces en una misma temporada nadie había sido becerrista, novillero con picadores y matador de toros. Solamente tiene diecisiete años recién cumplidos cuando accede al escalafón de los matadores en la histórica plaza manchega de Manzanares. Andrés Hernando es el padrino y Gabriel de la Casa, el testigo de una alternativa, celebrada el 11 de agosto de 1968, que lanza a Juan José a las ferias convirtiéndolo en la novedad de ese momento y en el sucesor natural de Santiago Martín "El Viti" en el trono de los grandes toreros de Salamanca. Juan José, que la tarde antes se despide de novillero en esa misma plaza, corta las dos orejas y rabo a Hullero, el toro de la ceremonia y desoreja al que cierra el festejo para lograr una aclamada salida en hombros y entrar con todas las bendiciones en su nuevo grado. Torea un alto número de corridas y ese invierno viaja a América contratado para las más postineras ferias. En Lima sufre una grave cornada que lo mantiene en el dique seco varios meses y, tan lejos de su casa, nace una relación fraternal con Paquirri, compañero la tarde del percance. Con el buen porvenir de su primer año de matador confirma al siguiente San Isidro, que acartela al jovencísimo matador de Salamanca con ecos de inmediata figura. La ceremonia es el 17 de mayo de 1969, recibida de manos de El Viti y con Paquirri de testigo. La ganadería es de Paco Galache, entonces con máximo cartel en Madrid, siendo Castañeta el nombre del astado de la confirmación, en corrida que Juan José corta una oreja y deja sobre el tapete de la exigente afición madrileña su esperanza. La misma que se reafirma en la siguiente corrida contratada, la del Marqués de Domecq, junto a Carnicerito de Úbeda y Manolo Cortés -muy vinculado a él esos primeros años- para ofrecer una lucida actuación, coronada con dos orejas que certifican lo bueno que se escucha sobre él y lo convierten en uno de los triunfadores de ese ciclo. El buen nivel lo mantiene a lo largo de la campaña, logrando éxitos memorables, como el de las cuatro orejas en su presentación en la plaza francesa de Dax. 1970 es buen año, aunque no saborea varios triunfos por un bache pasajero con la espada. La siguiente temporada ya cuaja numerosos toros y su nombre está en la pomada, hasta que en la madrugada del 7 de julio, al regresar de Pamplona, sufre un aparatoso accidente de tráfico en Aranda de Duero, que le produce graves lesiones oculares. El percance del joven espada supone un impacto emocional entre los profesionales y aficionados, quienes hacen cola para visitarlo en el madrileño Sanatorio de Toreros, centro donde es tratado por el oftalmólogo Martín Enciso, quien no puede atajar la pérdida de visión en uno de sus ojos. Ese hecho marca ya el resto de su carrera y lo priva de ser la figura del toreo que estaba llamado a ser. Pese a la adversidad, el diestro salmantino se reafirma en reaparecer a los cuarenta días en Haro, en un mano a mano con su inseparable Palomo Linares, que centra toda la atención taurina y lo hace a lo grande, tras cortar dos orejas a su primero y el rabo al que cerró la función. Por otro lado, su ilusión y torería no son gemelas a la de los empresarios, a quienes les cuesta un mundo contratar a este espada y llegan tiempos de escasas actuaciones, aunque cimentadas por su enorme afición y la incesante búsqueda de la pureza de su toreo. A lo largo de esa década de los setenta la Monumental de Madrid lo ve torear en numerosas ocasiones durante el estío y en varias de ellas tiene cerca el triunfo, llegando a acariciar la puerta grande tras dejar un ramillete de grandes faenas a reses de Victorino Martín, Murteira Grave, Gamero Cívico, Villagodio… En esos años recibe ayuda de Eduardo Mediavilla, un impresor muy aficionado que lucha para que Juan José recupere su sitio en las ferias, sin que los empresarios tengan la sensibilidad que merece. Coincide entonces que en la plaza de Salamanca sus actuaciones las refrenda con éxitos en las terroríficas corridas del día de San Mateo, en la mayoría de las ocasiones con los hierros del Conde de la Corte, Guardiola… Entonces, ante la aclamación popular, la empresa decide crear un cartel charro, con Juan José encabezando la terna compuesta por El Niño de la Capea y Julio Robles, repetida durante los ciclos de 1984, 1985 y 1986. En el primero de ellos la plaza vibra con su exquisito toreo al natural y los críticos madrileños destacados en La Glorieta quedan impresionados ante el torrente de arte que ofrece el de La Fuente de San Esteban, sin explicarse nadie cómo su nombre no está en las ferias. Al año siguiente forma un nuevo alboroto y en 1986 al no cortar orejas, la empresa lo devuelve, injustamente, a la tradicional corrida San Mateo que cierra el ciclo. En esos años han llegado muchos toreros nuevos y cada día cuesta un poco más hacer nuevos festejos para este espada. Por esa razón, Juan José decide colgar el traje de luces y torea la última corrida en La Fuente de San Esteban el 14 de mayo de 1989, con motivo de la inauguración del Torero de Cuatro Caminos, la plaza promovida e inspirada por Paco Pallarés. En esta ocasión, con un llenazo, comparte cartel con Julio Robles -ya entonces disfrutando de su estatus de figura- y Sánchez Marcos, ante reses de Paco Galache. Atrás quedaba una larga trayectoria marcada por el clasicismo castellano y el unánime respeto. A lo largo de su carrera dejó el colofón de numerosas tardes para el recuerdo y la dignidad con la que siempre defendió la tauromaquia, tanto en la plaza como en su faceta de director de la Escuela de Tauromaquia de Salamanca, labor ejercida durante veintinueve años con el sello de su maestría y donde fue maestro de toreros de la talla de José Ignacio Sánchez, Javier Castaño, Leandro, Andrés Sánchez, Eduardo Gallo, José Ramón Martín, López Chaves, Javier Valverde, Juan Diego, Julián Guerra, Juan del Álamo... Su última aportación al toreo fue el descubrimiento de Alejandro Marcos, su discípulo, paisano y pariente a quien llevó a la alternativa y supo captar tan bien las lecciones del maestro. Descanse en paz quien fue una gran persona, un maestro del toreo con mayúsculas y quien caminó por el mundo alzando siempre la bandera del señorío y la honradez.

0 comentarios