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Gonzalo Caballero pasa a planta tras salir de la UCI de la Clínica Virgen del Mar de Madrid

Buenas noticias sobre el estado del novillero madrileño Gonzalo Caballero que está en una habitación de planta de la Clínica Virgen del Mar de Madrid tras abandonar la UCI tras estar en ella desde el pasado domingo como consecuencia de la cogida que sufrió en Las Ventas de Madrid al realizar un quite al quinto novillo de la tarde. Gonzalo Caballero de las circunstancias que rodearon su percance del pasado domingo en Las Ventas. Y lanza un deseo y un reto: “Espero volver el día 27 a Las Ventas. Lo haré con el mismo vestido y de nuevo me echaré el capote a la espalda con el primer novillo. Cruzaré las líneas que cruzo siempre que me visto de torero. Y para eso tengo que estar al cien por cien físicamente”.

Ingresado en una habitación de la Clínica Virgen del Mar, el de Torrejón revela que se encuentra “mejor” y que lo peor ya ha pasado: “Se me han pasado los mareos que tuve el lunes. Estoy más tranquilo desde que me confirmaron que no hay ningún daño neuronal. Me acuerdo de todo menos del rato que transcurrió desde que me pegó la voltereta hasta que me desperté dentro del escáner. Me han dicho que en la enfermería hablaba cosas incoherentes y sin sentido, pero no recuerdo nada de ello”.

Sobre su faena al primer utrero, tercero de la tarde, Caballero asegura: “No me gusta hablar sobre mi toreo pero si es verdad que el concepto que siempre he tenido dentro poco a poco lo estoy sabiendo plasmar en la plaza”. Y sobre su futuro inmediato, el madrileño tiene muy interiorizada una idea: “Abrir esa Puerta Grande de Las Ventas. No me preocupa estar el tiempo que necesite en el hospital porque no quiero cometer errores que cometí en el pasado. Según salga empezaré a pensar el día 27 que iré con el propósito de cumplir mi objetivo”. Gonzalo también declaró “Veía tan cerca la Puerta Grande que tenía que salir a hacer el quite. Era mi tarde, había que apostar y más después de haberle cortado la oreja al primer novillo. No me podía ir andando de la plaza porque nunca me lo hubiese perdonado. Salió la cruz de la enfermería como podía haber salido la cara de la salida a hombros”.

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