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El arte hace vibrar en el reencuentro de los toros en La Malagueta

Ayer fue una tarde taurina llena de emociones, lo primero sin duda, el reencuentro de los aficionados en La Malagueta, dos años después, de la gran final del certamen internacional de escuelas taurinas en la vieja normalidad sin mascarillas, pero en el 2021 todavía con la pandemia que estamos padeciendo, hemos estado con las mascarilas puestas y solamente podíamos beber agua, nada de alcohol y comer ya que esta terminantemente prohíbido por el covid, guardando el metro y medio que existen las medidas anti-covid y con el aforo de la plaza al 50% ya que Málaga esta ahora en fase 2 de la pandemia con datos buenos de bajada de contagios y de la tasa de incidencia. La música que nos puso la Orquesta Sinfónica Ciudad de Málaga fue realmente interesante como la ópera Carmen y el Toreador de Bizet, El amor brujo de Manuel de Falla que deleitaron a la afición malagueña. Y yo tenía ganas de toros tras mi última cita que tuve que fue en Carratraca el 28 de febrero del 2020 antes del inicio de esta pandemia que quiero que se acabe ya de una vez y volvamos a lo que quiero, la vieja normalidad ya sin mascarillas y poder saludar a mi gente. Con el pasodoble Pan y Toros que fue tocado magistralmente por la Orquesta Sinfónica malagueña fue mágico volver a sentir ese pasodoble como mi alma de aficionado que llevo 15 años abonado en el coso del Paseo de Reding. Antes de la corrida, vivimos un momento bonito donde los dos hijos del presidente del festejo, Antonio Roche hicieron las delicias de los aficionados y tras terminar, llegó el momento, el presidente asoma el pañuelo blanco y salieron los alguacilillos y estabámos nerviosos y emocionados por ver mi plaza de nuevo con gente pero con menos aforo que había antes, no como lleno absoluto pero con el 50% del aforo. Y se abrió la puerta de cuadrillas para ver a los toreros de arte. Y por fín pudimos ver a Pablo Aguado, el torero sevillano en el centro del paseíllo iba con la montera en la mano ya que debutaba, como ya conocen amigos aficionados de pcctoros, hace dos años en la última feria que se pudo dar en la vieja normalidad en otra Picassiana pero dos días antes, había sufrido una cogida en Gijón que impidió a Pablo su debut, y ayer fue el gran día. Al terminar el paseíllo, los aficionados se pusieron de pie al oirse el himno de España. La Malagueta era un clamor al ver a Morante, Juan Ortega y Pablo Aguado. El primero de la tarde atendía a Respondón, colorado, número 198, nacido en 01/2017 y de 546 kilos de peso y Morante vestía el mismo traje que llevó hace unas semanas en su encerrona en el Puerto de Santa María (Cádiz) y ayer le vi francamente bien. El primero de su lote estaba bien presentado y un pelín cuesta arriba, Morante lo saludó con lances rodilla en tierra, prólogo de unas verónicas lentas, cadenciosas y sentidas, hasta rematar en la boca de riego. Las disfrutaron de verdad en La Malagueta. Torerísimo el galleo por chicuelinas para llevarlo al caballo. Toro con nobleza y ritmo, pero que se vino abajo en el último tercio, porque se paró y no repitió las embestidas. Morante no lo apretó entre un pase y otro, revistió los tiempos muertos con mucha torería y mantuvo el interés de la obra pese a la falta de transmisión del astado. El público ovacionó fuerte a Morante tras acabar con el animal de estocada entera.  Estrecho de sienes, de pitón blanco, más fino el cuarto, que apuntó una calidad extraordinaria pero también una merma en su fortaleza que incitó al público a solicitar su devolución. Lo aguantaron desde el palco. Quiso más que pudo el animal en el último tercio, Morante lo trató con mimo, dejándolo llegar al engaño, casi sin tocarlo para deslizar con despaciosidad según llegaba el astado a la jurisdicción de su matador. Muy centrado el torero, pensando y ejecutando con esa expresión inigualable, dio forma a una labor con jugo y contenido. Porque dosificó al animal, toreó despacio y puso garra y fibra al final cuando el toro se terminó de consumir y comenzó a defenderse. Después de un cierre bellísimo, de frente, La Malagueta se puso en pie. Después de una estocada precedida de un pinchazo cortó una oreja con mucha fuerza. La primera de la feria. Muy bajo el playero segundo, que quiso tranquear de salida. Juan Ortega lo toreó al ralentí con el capote, meciendo la embestida, recreándose… varios lances fueron verdaderas pinturas. Lo midió en el peto y le administraron capotazos en banderillas. En el último tercio el toro comenzó exigiendo todo por abajo porque tenía clase e intención. Una pena que la raza le impidiera terminar de concretar todas las virtudes que se le apreciaron. Ortega lo dosificó sin terminar de apretarle, incluso consiguió arrancar la música, y pese a que en la cuarta serie el animal acabó rajando de haber acertado con el acero hubiera paseado la oreja.  Un tío el quinto, con el hierro de Parladé, más basto, con menos cuello, que se defendió de salida porque ya entonces apuntó su medida fuerza. Aunque empujó en el peto, luego en la muleta acometió con sosería, sin transmisión ni entrega. Ortega lo tomó en corto, con estética, primero con la zurda y luego con la diestra y cuando enseñó que el toro no quería se marchó a por la espada.   El tercero se ensañó con las tablas de salida. Se emplazó en el tercio, escarbando, sin terminar de soltarse en el capote de Aguado, que le dio sitio y sobre todo por el derecho hilvanó varios lances de excelente trazo, y con mérito, porque hubo que sacárselas. Lo picaron trasero, y aunque el toro pareció calentarse después del tercio de varas y en el capote de Iván García se desplazó con largura, abriéndose de los vuelos, sobre todo por el pitón derecho, comenzó a defenderse después de las primeras series. Puso la raza el torero, pero corriendo la mano, sin atacarse ni atacar al astado, que fue todo suavidad en el trato. De uno en uno consiguió muletazos de trazo exquisito. Se echó el animal tras un pinchazo hondo y un par de descabellos. Fino de mazorca, cuesta arriba pero con cuello el que cerró plaza. No se entregó en el capote, protestó en banderillas y acometió sin ritmo, desacompasado. Consiguió Aguado que el toro, que se descomponía cuando tocaba las telas, no le enganchara los engaños. A media altura, dándole sitio, consiguió que la faena, pese a sus desigualdades, mantuviera el interés. Se pidió la oreja con fuerza tras una gran estocada pero el presidente, con una petición similar a la de Morante, no quiso darla. Dio una aclamada vuelta al ruedo. Y luego se llevaría una sonora bronca Antonio Roche por no dar el trofeo a mi tocayo. Luego cuando iba saliendo con mis padres estaban repartiendo fotos de mi tocayo y fui a por la foto y ya la he conseguido tras varios intentos fracasados de varias amistades por intentar conseguirme esta foto que tenía muchas ganas de tenerla en mi cofre taurino. Y así fue, ya pude conseguirla.  

Málaga. La Malagueta. Primera de la Feria de Agosto. Cartel de ‘No hay billetes’ dentro del aforo permitido. Corrida Picassiana. Toros de Juan Pedro Domecq, el quinto con el hierro de Parladé, de buenas y distintas hechuras, con gran intención. Con un punto más de duración hubiera sido de lío. El mejor el enclasado segundo, enrazado el tercero, para apostar el cuarto. El quinto, más basto, fue el más deslucido. Morante de la Puebla, ovación y oreja tras aviso. Juan Ortega, ovación tras aviso y silencio Pablo Aguado, silencio tras aviso y vuelta tras fuerte petición. Saludó en banderillas Juan José Trujillo, Francisco Javier Sánchez Araujo, José Ángel Muñoz "Perico", Andrés Revuelta e Iván García. Al terminar el paseíllo, sonó el himno de España.

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